Un importante hallazgo arqueológico en Chiapas está permitiendo conocer mejor la relación que los antiguos pueblos zoques mantenían con la naturaleza, la lluvia y la agricultura. Se trata de la denominada Cueva Mundo Zoque, un espacio ceremonial localizado en la comunidad General Lázaro Cárdenas, perteneciente al municipio de Cintalapa.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia informó que en el interior de la cavidad fueron registradas 13 ofrendas y 179 piezas prehispánicas. Los objetos pertenecen, de manera preliminar, al periodo Clásico Tardío, comprendido aproximadamente entre los años 600 y 900 después de Cristo.
La cueva se encuentra a cerca de 20 metros bajo tierra y tiene una longitud aproximada de 100 metros. Su acceso complicado habría contribuido a que el sitio permaneciera protegido durante siglos y conservara gran parte de sus materiales arqueológicos sin alteraciones importantes.
Un lugar para pedir lluvia y buenas cosechas
De acuerdo con las primeras investigaciones, la Cueva Mundo Zoque no era utilizada como vivienda. Los especialistas consideran que funcionaba como un espacio ceremonial al que acudían pobladores de la región para realizar rituales relacionados con la lluvia, la fertilidad de la tierra y las buenas cosechas.
Estas prácticas tenían una importancia especial para las comunidades agrícolas, cuya supervivencia dependía directamente de las condiciones climáticas. Los periodos de sequía y otros cambios ambientales pudieron aumentar la relevancia espiritual de las cuevas dentro de la cosmovisión zoque.
En su interior fueron encontradas urnas, vasijas, cajetes, incensarios y otros objetos de cerámica. Algunas piezas presentan representaciones de jaguares, tecolotes, serpientes y figuras humanas, además de elementos vegetales como las espinas de ceiba.
Una de las piezas más destacadas es un sahumador con un mango de aproximadamente 32 centímetros, decorado con la figura de una serpiente. En su plato aparece un quincunce, símbolo mesoamericano relacionado con los cuatro rumbos del universo y un punto central.
Formaciones naturales convertidas en figuras
El descubrimiento no se limita a los objetos de cerámica. Los arqueólogos también identificaron estalactitas y estalagmitas que aparentemente fueron modificadas por los antiguos habitantes de la región.
Algunas de estas formaciones naturales habrían sido trabajadas para representar rostros humanos, animales o las fauces de una criatura vinculada con el llamado Monstruo de la Tierra. Esta figura aparece en distintas expresiones culturales mesoamericanas y está asociada con el mundo subterráneo, la fertilidad y el origen de la vida.
La combinación de objetos ceremoniales, símbolos religiosos y formaciones naturales intervenidas fortalece la hipótesis de que la cueva fue considerada un espacio sagrado.
La comunidad ayudó a proteger el descubrimiento
El sitio fue reportado al INAH por el guía local Jairo Díaz Barreiro. Después del aviso, especialistas acudieron a verificar la autenticidad del hallazgo y realizaron trabajos de exploración y registro.
La participación de la comunidad fue fundamental para evitar el saqueo de las piezas y permitir que los investigadores documentaran el contexto en el que fueron depositadas. Para los especialistas, conocer la posición original de cada objeto resulta indispensable para interpretar correctamente su significado.
Los próximos trabajos contemplan el uso de tecnología LiDAR, escaneo tridimensional y fotogrametría para obtener un registro detallado de la cavidad sin alterar sus componentes. También serán analizados restos de carbón encontrados dentro de algunas vasijas, lo que podría ayudar a precisar su antigüedad.
El estudio de la Cueva Mundo Zoque permitirá ampliar el conocimiento sobre una de las culturas originarias más importantes del sur de México. También confirma que bajo el territorio de Chiapas todavía permanecen numerosos testimonios capaces de revelar nuevos capítulos de la historia prehispánica del país.

